domingo
Berlín.
Instante, circunstancia, oportunidad.
¿Sabes lo que es buscar hasta la saciedad, husmear en todos los rincones, registrar cada cajón, tantear incluso en la luz de la noche y no encontrar nada? Desistes, renuncias, abandonas, te retiras. Te decantas por dejarlo a un lado, llegas a preferir que no aparezca, hasta que lo olvidas.
Tiempo. El que tardas en decidir apartar la idea de ti e ignorarla por completo es el justo para que te topes con ello. Probablemente no sea el momento que considerabas oportuno, pero ahí está.
sábado
Equilibrium.
Pese al insomnio de las últimas semanas, a la vuelta a la rutina, al final de los periplos y demás desgracias inevitables, te despiertas sin querer, antes de que suene la alarma, casi extáticamente. Y sin tener muchas razones aparentes aunque si las buscas, las encuentras.
Día para reunirse y recordar, compartir, opinar e inventar futuros. Día influido por la normalmente imposible de encontrar ataraxia que siempre hay una persona dispuesta a transmitir. Día inspirado por la persona –se supone que lejana, pero agradecidamente cercana– que más te ha hecho aprender en los últimos meses, aunque él no lo sepa o se niegue a aceptarlo por pura modestia. Día dedicado al arte y su imperturbabilidad. Día expresivo, plástico, incluso bohemio.
Día especialmente claro. Por dentro y por fuera.