domingo

Berlín.

Propones osadía. Echas un vistazo y las miradas se han trenzado igual que la brisa enreda tu pelo. Os separan tentadores centímetros distantes y colmados. Sólo eso, centímetros, pero infranqueables, casi inquebrantables. Continúas observando y baja la mirada, no consigues averiguar si por timidez o por templanza. Una pausa, un descanso, y se reanuda el encuentro.

Instante, circunstancia, oportunidad.

¿Sabes lo que es buscar hasta la saciedad, husmear en todos los rincones, registrar cada cajón, tantear incluso en la luz de la noche y no encontrar nada? Desistes, renuncias, abandonas, te retiras. Te decantas por dejarlo a un lado, llegas a preferir que no aparezca, hasta que lo olvidas.

Tiempo. El que tardas en decidir apartar la idea de ti e ignorarla por completo es el justo para que te topes con ello. Probablemente no sea el momento que considerabas oportuno, pero ahí está.

No vale con hacerse el despistado.